El planeta en buenas manos

 



Todos y todas sabemos que el planeta nos necesita y que somos responsables de que nuestro mundo sea mejor y más habitable. Cada pequeña acción cuenta, y cuando nos juntamos, cuenta más. El sábado 28 alumnos y alumnas de primero segunda turno mañana, y primero primera y primero tercera turno tarde acompañaron al profe Facundo López Sierra a limpiar la costa del río convocados por la Municipalidad de Vicente López.

El punto de encuentro fue Urquiza y Alfonsín, cerquita de la costa. Hacía allí caminamos, pero no pudimos encontrar a nadie que nos informara sobre la limpieza. Sin embargo, los chicos y las chicas iban preparados: bolsas, guantes, gorros y botellas de plástico para hacer ecobotellas nos permitieron poner manos a la obra y comenzar con la tarea de recoger la basura que contamina el río y sus alrededores. 

Enseguida Facundo organizó todo: Rocío, Sofía, Mara, Fernanda, Alma, Mía, Tiziano, Martín, Gonzalo, Mía (mamá), Esteban y Bautista, todos, nos pusimos a trabajar. No solo había alumnos y alumnas de la escuela, también dos mamás, un hermano y una hermana.


−¿Por qué quisieron venir?

−Para cuidar el medioambiente.

−Para estar con nuestros amigos.

−Para ser parte.

Pronto las bolsas se empezaron a llenar de tapitas de gaseosa, tapas plásticas de diferentes tamaños, preservativos, latas, bolsas, envases de todo tipo, botellas, pedazos de plásticos de distinto origen, cepillos de dientes, cucharitas, pajitas, telgopor, bandejas de comida, restos de llantas de auto, metales…, mientras charlábamos y disfrutábamos del sol del mediodía.


La gente pasaba, nos miraba, y hasta algunos nos agradecieron lo que hacíamos: “Se tomaron un laburo bárbaro”, nos dijo una pareja con sus perros. Lo mejor fue un grupo de chicos y chicas que se acercaron y pidieron colaborar. Así llenaron rápidamente una bolsa contentos de ser parte también.

En medio del trabajo, Facundo nos pidió que especialmente recogiéramos plásticos y telgopor porque son los materiales que no se degradan. Además, nos contó de los microplásticos que terminan en el estómago de los peces y en el nuestro que los consumimos. Un envase con fecha de vencimiento del 2014 hizo que reflexionáramos sobre cuánto tiempo la basura da vueltas de un lado a otro contaminando siempre. Así de grave es la situación, más de lo que a veces pensamos. Sin embargo, no todo era basura, en medio de los desechos asomaban algunas plantas, metáfora de la vida que siempre se abre paso. Una rosa marchita hizo que Alma inventara una historia muy linda, y le pedimos que la escribiera, por supuesto.


A la orilla del río, con un cielo precioso y el sol que brilla, la basura provoca un contraste que preocupa. Hay tanto para limpiar que uno está tentado de pensar que todo lo que se haga es poco. Pero no es así.

−Tenemos que volver a reunirnos y ponerle un nombre al grupo –dijo Facu−. Y si bien podemos ser más, hicimos mucho. Los buenos deseos y las buenas acciones siempre vuelven, y más cuando se trata del planeta, porque no vivimos solos, y tenemos que preocuparnos por hacer un lugar mejor para todos y todas.

 Al final del encuentro, compartimos comimos juntos, charlamos y escuchamos música. Hasta aprendimos a mirar un poco más, a observar los detalles, lo que es muy importante. Dejamos siete bolsas de basura repletas, y aunque parezca algo mínimo, el mundo se mueve gracias a los pequeños esfuerzos de cada día. Si a eso le sumamos el compromiso de los y las adolescentes, tenemos derecho a sentirnos esperanzados: el planeta está en buenas manos.




 

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